viernes, 27 de noviembre de 2009

Unos minutos al día para conversar con Dios‏




En esta semana me voy a hacer el propósito de separar un día para descansar y dedicar tiempo para estar con Dios y con mi familia.

Cuando la carga se hace muy pesada para seguir

“Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y os haré descansar” Mateo 11:28.

Los submarinos de la segunda guerra mundial estaban hechos de tal manera, que tenían que salir a la superficie cada cierto número de horas a cargar sus baterías. Esto los exponía a peligros, pero la opción de no hacerlo también.

A veces no queremos abandonar nuestras muchas ocupaciones, porque pensamos que las empresas y deberes correrían peligro de no recibir nuestra atención. ¿Nos hemos puesto a pensar en el peligro que representa llegar a cansarnos al grado de enfermarnos? Entonces el peligro sería doble. ¿Cuál de las dos opciones sería menos grave? ¡Las dos son peligrosas!

Dios ordena en la Biblia que descansemos de nuestras labores un día a la semana. En esta ocasión como en cualquiera otra, cuando desobedecemos a Dios, pagamos las consecuencias de nuestra desobediencia.

En esta semana me voy a hacer el propósito de separar un día para descansar y dedicar tiempo para estar con Dios y con mi familia.

El buen compañero de equipo hace lo que sabe hacer

“¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo?” Amós 3:3.

En una ocasión en un barco, el capitán y el jefe de máquinas discutían acerca de cuál de los dos era más necesario. Decidieron resolver el asunto intercambiando sus puestos. El capitán trabajaría en el cuarto de las máquinas y el maquinista en el puente. Al poco rato desde el cuarto de máquinas el capitán protestó porque éstas se estaban recalentando, perdiendo fuerzas y parecía que no iban a ninguna parte, a lo que respondió el maquinista desde el puente que era lógico ya que estaban encallados en tres metros de arena.

Los proyectos mientras mayores y complicados, requieren la ayuda de más personas, sin embargo, no hay peor cosa que encontrarse con alguien que quiera hacer el trabajo que no sabe ni le corresponde. Cuando esto sucede, todo se complica. La idea del equipo no es sobresalir sino cooperar unos con otros.

Señor ayúdame hoy a poder trabajar en equipo y tener éxito en lo que haga.

Cuando estoy en un callejón sin salida, me pregunto: ¿Esta senda pertenecerá al mapa de Dios?

“El Señor es mi pastor, nada me faltará; en lugares de verdes pastos me hace descansar” Salmo 23:1:2

¿Sabes por qué a veces el Señor nos obliga a detenernos? Porque no sabemos descansar. Siempre estamos haciendo algo. No actuamos con sensatez, por eso nos compara con ovejas, que mientras comen, caminan y pueden caerse por un despeñadero porque no levantan la cabeza para ver por dónde van.

De igual forma, entramos en la carrera desenfrenada del trabajo, y en ocasiones, Dios nos detiene, porque si seguimos así, podríamos caer por uno de los tantos despeñaderos que se encuentran a lo largo del camino de la vida.

¿Cuántas de nosotras estamos descansando hoy en contra de nuestra voluntad? Queremos ver cumplidos nuestros sueños, ilusiones, promesas no cumplidas... y, sin embargo, nos sentimos estancadas.

Tomemos esta oportunidad que tenemos para descansar, para considerar las cosas a nuestro alrededor y buscar la dirección divina. Así al volver a levantarnos y continuar nuestro camino, iremos seguras hacia una dirección y meta definidas.

Deseo ser el amigo que presta su oído y ofrece una palabra de aliento.

“El ungüento y el perfume alegran el corazón, y dulce para su amigo es el consejo del hombre” Proverbios 27:9.

Cuando María recibió el anuncio de que sería madre por obra y gracia del Espíritu Santo, ella se convirtió en una mujer que comenzó a vivir momentos de milagros. No todo el mundo comprende un momento de milagros. Muchos en su pueblo llamarían a aquel acontecer, un momento de desgracia, de vergüenza, de deshonra. María necesitaba una amiga que la comprendiera y se fue por tres meses a casa de Elisabet, su prima.

Sin saberlo María, Zacarías y Elisabet también estaban viviendo momentos de milagros. Ellas podían hablar el mismo idioma, ambas tenían fe para comprender sus experiencias. Por ello Dios unió a María y a Elisabet para que compartieran sus sentimientos y se animasen y alentasen una a otra, mientras Él preparaba a José para que se uniese a María en su vida de milagros.

Es posible que hoy no encontremos amistades con experiencias tan extraordinarias, pero sí podemos ser para nuestros amigos, esa persona que siempre está dispuesta a escuchar con paciencia y a ofrecer una palabra de aliento.

¡Yo quiero ser una de esas!

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